miércoles, 9 de diciembre de 2009

San Agustín; La ciudad de Dios

Agustín de Hipona, o San Agustín (en latín: Aurelius Augustinus Hipponensis; en griego: Αὐγουστῖνος Ἱππῶνος, Augoustinos Hippōnos), nace en Tagaste en el año 354 y muere en el 430, junto con San Jerónimo de Estridón, San Gregorio Magno y San Ambrosio de Milán son de los cuatro más importantes Padres de la Iglesia latina.

El texto de la Ciudad de Dios (De Civitate Dei) de San Agustín es una obra que contiene 22 libros, escrito contra el paganismo entre el año 412 y 426; es decir, lo escribe en su vejez.

El texto está hecho a petición de Marcelino y la promesa del autor en contra de los que anteponen sus dioses a su Fundador, en defensa de la gloriosísima Ciudad de Dios. Va sobre todo contra los soberbios y ensalzando a los humildes con las palabras de la Sagrada escritura.

Su sentido primario no es político, sino esencialmente religioso. Habla de dos ciudades como la representación de los dos reinos, el de Dios y el del demonio, el de la luz y de las tinieblas, el del bien y del mal, el del amor y del odio, el del cielo y de la tierra.

San Agustín cuestiona que podría alguien pensar: ¿Por qué ha alcanzado esta divina misericordia también a los impíos e ingratos?, ¿Por qué pensamos sino porque es dádiva de aquel que hace salir el sol sobre los buenos y los malos y llueve sobre justos y pecadores? Sin embargo, la paciencia de Dios invita a los malos a la penitencia y a los buenos en la paciencia, lo que busca es ser justo, sin que los bienes del que goza los malos sean apetecidos y ni los males de los buenos lo eviten. Habla y le da mucha importancia también la cualidad del uso de las cosas o en la medida que trata a los buenos y malos.

No debemos temer la necesidad de algunas cosas, que aunque algunos la sustraen, otros se quedan en ella, y que entre las cosas que no quieren sujetar a la necesidad, ponen las voluntades. si entendemos por necesidad nuestra lo que no está en nuestro poder, como la muerte, es evidente que nuestras voluntades no están dominadas por la necesidad.

Dios es la fuente de nuestra felicidad y el fin de nuestros deseos, nuestro bien no es más que unirnos a Él. Al que sabe amarse a sí mismo, cuando se le manda amar al prójimo como a sí mismo, ¿qué otra cosa se le manda sino encarecer al otro, en cuanto esté de su parte, el amor a Dios? Dice San Agustín que es la verdadera religión, está la recta piedad y la servidumbre debida a sólo Dios.

La Trinidad es simple e inmutable, de las tres personas es un solo Dios, en ella no hay distinción entre la cualidad y la sustancia. Tiene cierta la cualidad inamisible de su incorrupción; pero, permaneciendo la sustancia corporal, no es lo que la misma incorrupción. No puede existir más incorruptibilidad de una cosa a otra. Aunque la incorruptibilidad sea inseparable del cuerpo incorruptible, una cosa es la sustancia por la que se llama cuerpo y otra la cualidad por la que se llama incorruptible. Según esto son llamadas simples las cosas que verdadera y principalmente son divinas, porque en ellas no es cosa la cualidad y otra la sustancia, sino que solo son uno. Todo lo que hizo Dios lo conocía, si no lo hubiera conocido, no lo hubiera hecho y nosotros tampoco lo hubiéramos conocido y no podría existir.

Dice San Agustín que la filosofía estaba dividida en tres partes (tripartita); una que la llaman Física, otra Lógica y la última Ética, que después se le llaman natural, racional y moral, no es porque hayan considerado a Dios, pero que Platón fue el primero en descubrir esta división considerando a Dios el autor de todas las naturalezas, y el dador de la inteligencia, y el inspirador del amor y que lleva a una vida feliz y buena. Que toda obra humana se debe tener en cuenta tres aspectos; la naturaleza por el ingenio, la doctrina por la ciencia y el uso por el fruto. Nuestra naturaleza para existir tiene a Dios por Autor, para sentir lo verdadero debemos tenerle a Él por Doctor, y a Él mismo, para ser felices.

Habla del amor, pero lo que dice es que el hombre que se llama “hombre bueno” no es lo correcto porque dice que no es el que sabe lo que es bueno, sino el que ama lo que es bueno. Existe un amor que se ama lo que no debe amarse, y este odia lo que debe amarse. Siendo como somos hombres, creados a imagen de nuestro Creador, cuya es la eternidad verdadera, la verdad eterna y la verdadera y eterna caridad, que es la Trinidad eterna, verdadera y amada, sin confusión ni división y que nos ha dado ciertos vestigios de su belleza.

San Agustín dice que existe un solo bien inmutable, Dios, uno, verdadero y feliz. Las cosas creadas son buenas porque proceden de Él, pero bienes mudables, porque fueron hechos de la nada, pero los que se alejan de Él tienen vicio y por eso son malos. Esto es que alguien puede pensar que los ángeles apóstatas proceden de otro principio y no de Dios. Siendo Dios inmutable pudo dar a las cosas de la nada el ser; así como se forma del saber a la sabiduría, así se formó la esencia del ser. La naturaleza de Dios nunca desfallece, pero sí de los seres hecho de la nada, tienen causas eficientes y deficientes.

Desde que comenzamos a existir en el cuerpo mortal, nunca dejamos de tender hacia la muerte. Todos estamos más cercano a la muerte después de un año. Dos amores son los que fundan las dos ciudades; el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena (se gloría a sí mismo o busca la gloria de los hombres) y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial (gloría a Dios).

lunes, 7 de diciembre de 2009

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN

Las Confesiones de San Agustín es una autobiografía donde describe su proceso de conversión al Cristianismo, pero en ellas plantea otro tema de igual importancia como es: el origen del Mal. Este es el tema central de este escrito de Agustín.

Desde su infancia fue educado en la religión Cristiana por su madre Mónica y destacó por su gran inteligencia, que con el paso del tiempo fue acrecentando. En su juventud estudió retórica en la ciudad de Cártago, que es el arte de hablar y escribir bien para deleitar, persuadir o conmover a las personas. La lectura de "Hortensius" de Cicerón le impactó profundamente y decidió abandonar la retórica por la filosofía. Su juventud fue marcada por una vida llena de desenfrenos sexuales, tuvo un hijo llamado Adeodato, que murió siendo muy joven.

También durante su juventud se adhirió a la doctrina del “maniqueísmo” que defiende la existencia de dos Principios creadores contrarios entre sí, el Bien y el Mal, todo es bueno o malo, sin grados intermedios, con esta doctrina inicia su camino para ir descifrando el origen del mal, que al plantearles esta cuestión, los dirigentes del maniqueísmo no la pueden responder y decepcionado de ellos se convierte al “escepticismo”, que es otra corriente que se basa en la duda. Afirman, la verdad existe pero no puede ser conocida y no hay ningún camino para llegar a ella.

Después de acabar decepcionado de estas doctrinas se dirige a Milán a trabajar como maestro de retórica. Aquí es donde conoce al Obispo San Ambrosio, y lo frecuenta para oír sus sermones y comprobar si su gran fama es cierta o no. Con el paso del tiempo se va convirtiendo al Cristianismo. Tiene grandes luchas internas, y en una de tantas escucha que unos niños juegan y dicen: ¡Toma y lee! ¡Toma y lee!, la ve como una llamada de Dios y lee en el Nuevo Testamento Rom. 13,13: "No en las riñas y en la embriaguez, no en la lujuria y la impureza, no en la ambición y en la envidia: poner en manos del Señor Jesucristo y abandonar la carne y la concupiscencia". Después de está señal divina, le comunica a su madre su conversión y se hace bautizar. Ella muere algún tiempo después.

De aquí pasa al gran problema que plantea en sus Confesiones, el origen del mal. Dice: si Dios es tan bueno y creó al hombre a su imagen y semejanza ¿de donde viene el mal y el no querer hacer el bien? Sus preguntas son: ¿de dónde viene el mal? y ¿cómo puede existir algo (el mal en este caso) ajeno a Dios?, o ¿puede existir contra su voluntad (de Dios)? ya que el mal no puede corromper a la divinidad, porque si ello fuera posible ya no se trataría de Dios.

Agustín hace una suposición de que el mal, es como el bien, una sustancia, pero si Dios creó toda sustancia y Dios es omnipotente, se tuvo que dar cuenta de ello y pudo eliminarla. La lectura del Éxodo le da la respuesta: “Yo soy el que soy” (las cosan son porque provienen de Él y no son porque no son Él). Con esto afirma que las cosas son buenas y por ello tienden a ser corruptibles, y las malas ya no pueden corromperse más.

El corromperse significa privarse de un bien, y solo aquello que tiene bien puede ser corrompido. Pero si algo se corrompe, deja de ser, porque “ser” es un bien, así que solamente lo que “es” existe. Lo que ya esta corrompido totalmente “no puede ser” porque está privado de todo bien y por tanto, de su ser. Concluye, “las cosas mientras son, son buenas” y dice: Dios solamente creó cosas buenas, y el mal es ausencia de ser, es decir, ausencia de bien.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Orígenes. De principiis y Contra Celsum


De principiis

El primer escrito que ahora presento es el estudio teológico De principiis, escrito alrededor del 230. Se trata de una exposición de los principales presupuestos del cristianismo. El texto que se conserva en una versión de San Rufino que se trata de una abreviación del texto original y está divido en cuatro libros.

En el capítulo I Orígenes argumenta que Dios es incomprehensible e inescrutable ya que todo lo que podamos pensar o decir de Él es con mucho inferior a lo que realmente es, por tanto, ya que nuestra mente no es capaz por sí misma de concebir a Dios como es, por la belleza de sus obras y la magnificencia de sus creaturas viene en conocimiento de Dios (De principiis, I 5). Así, en la medida en que estamos más en contacto con las cosas materiales nos volvemos más obtusos y lentos, sin embargo cuando nuestra inteligencia se empeña en alcanzar las cosas más sublimes podremos entonces alcanzar a percibir algo de si divinidad.

Menciona que Dios es una naturaleza intelectual, que no admite mayor o menor perfección sino que es sentido absoluto mónada (unidad) “de donde mana toda naturaleza intelectual y toda inteligencia” (De pri… I 6), y la inteligencia no necesita de algún espacio material para realizar su actividad propia es por esto que Dios no está sometido ni al tiempo ni al espacio, y de él mana toda inteligencia.

Por otro lado, el hombre está forma por cuerpo y alma, es por esa razón que tenemos una vida terrena, tenemos sentidos corporales, oído, vista, etc., sin embargo por el don del alma también tenemos sentidos no materiales como la sensibilidad y la inteligencia, por tratarse de sentidos que están más allá del plano material, son considerados como superiores. En el pensamiento de Orígenes, así como los sentidos materiales se ocupan de los objetos materiales, los sentidos inmateriales deben ocuparse de las cosas inmateriales, en este caso se refiere al acercamiento a Dios, que es el una naturaleza intelectual; Dios no puede ser entendido por una naturaleza corporal.

En el libro II habla sobre la materia que fue creada de la nada, antes de que todo existiera, es por ello que su naturaleza es mudable, de ahí que Orígenes haya hablado anteriormente de que la materia se podía transformar en todo. Así, la desidia y el cansancio en el trabajo por conservar el bien, el abandono y descuido de las cosas mejores, dieron comienzo a un alejamiento del bien, y el alejarse del bien es lo mismo que el afincarse en el mal, de esto resulta que cuando uno se aleja del bien tanto más se acerca al mal.

Finalmente en el tercer libro Orígenes hace una clasificación de las cosas que se mueven, es decir, de las cosas cambiantes. Éstas están divididas en dos clases, aquellas que reciben el movimiento de fuera, o sea las cosas inanimadas; por otro lado están las cosas que tienen el movimiento en sí mismo, estas son aquellas que tienen vida o alma. Estos a su vez se subdividen en aquellos que se mueven por sí, los que no tienen alma como las plantas, y aquellos que lo hacen de por sí, aquellos que tienen alma, como el hombre.

Contra Celso

El segundo escrito es una obra apologética, que quiere ser una contestación a un pensador judío que cuestiona ciertas afirmaciones de la fe cristiana. Fue escrita entre los años 245 y 250 supuestamente por petición de Ambrosio, amigo y admirador de Orígenes. Este escrito es el segundo más importante de su obra porque aquí deja entrever cierta influencia neoplatónica y además sostiene y fundamenta las doctrinas cristianas. La estructura del escrito es simple ya que en cada apartado se dedica a exponer alguna afirmación de Celso y posteriormente a refutarla o complementarla.

Como primer punto hace un elogio de la conducta socrática de permanecer firme a sus convicciones a pesar de que sabía que iba a morir, así también ejemplifica el pasaje en la vida de Jesús que sabía que iba a ser traicionado y negado y a pesar de ello siguió con su testimonio de vida. Esto lo explica contradiciendo a Celso que dice “¿qué Dios, qué demon o qué hombre sensato, sabiendo de antemano que le iba a pasar todo eso, no hubiera tratado, en lo posible, de evitarlo, y no arrojarse a los mismo que preveía?”. (Contra Celsum, II 146).

Otra afirmación de Celso es que los ciclos humanos siempre serán los mismos de principio a fin, y que las cosas que pasan siempre se repetirán. Contra esto, Orígenes recurre de nuevo a presupuesto del libre albedrío, si es verdad como dice Celso entonces no es posible que podamos tener la capacidad de decidir sino que estaríamos ligados a una especie de destino que nos impediría ser libres porque siempre tendríamos que hacer lo mismo. A todo esto se suman los estoicos diciendo que no sólo el periodo mortal tiene un ciclo sino que el divino también lo tiene, así cuado el ciclo se vuelva a repetir y las personas vuelvan a nacer serán indistinguibles de las que hayan estado anteriormente, así, cuando Sócrates vuelva a nacer, no será él sino otra persona indistinguible a él.

Respecto al tema del mal, al respecto Celso dice que aunque hagas una obra mala no sabes si eso va a hacer bien a otros o a ti mismo porque no sabes lo que conviene en ese momento. Orígenes completando dice que efectivamente Dios, respetando nuestro libre albedrío, a veces se vale de las malas acciones del los otros para hacer algún bien pero que nosotros no podemos saber si eso está haciendo algún bien para otra persona por ello no es recomendable haces obras malas.

Posteriormente pasa a hacer una argumentación acerca de que Dios es creador de todo y todo lo ha hecho para el hombre. Así contra la posición de Celso quien defiende que ha ciertas cosas, como los rayos y los truenos, que no están en función del hombre, así como también es muy cuestionable que el hombre trabajo para conseguir su alimento y las bestias no. Orígenes justifica que todo lo creado está hecho para el hombre ya que el hombre, ser racional, es superior a todo cuanto hay, sólo él es capaz de darle una utilidad a todo, “la Providencia provee principalmente a los racionales; pero, por concomitancia de lo que se hace por razón de los hombres gozan también los irracionales” (Cont… IV 155). De la misma manera también justifica que el hombre tenga que trabajar para conseguir su alimento ya que, según Orígenes, Dios quiere que desarrollemos las artes y oficios para servirnos de ellos, y aprovechar realmente nuestra racionalidad.

Finalmente recupera algunos elemntos de Platón para fundamentar sus ideas. Su idea de Dios es que no participa de la sustancia (o esencia: ousía), más bien participa, y es participado por quienes tiene el espíritu de Dios, así, tampoco Jesús, participa de su justicia sino que siendo El la misma justicia partición los dos juntos (Cont… VI 161). También cita las palabras del Timeo, para decir que es nuestra tarea es encontrar al Creador, pero quien lo encontrase no lo podría manifestar por su naturaleza divina. De este modo concluye que la naturaleza humana no es suficiente para buscar a Dios y hallarlo en su ser puro.

lunes, 2 de marzo de 2009

DIÁLOGOS DE LOS DOS MÁXIMOS SISTEMAS.


DIÁLOGOS DE LOS DOS MÁXIMOS SISTEMAS.
(Galileo Galilei)

Primeramente quiero decir que este texto es muy extenso en cuanto a contenido, pero no quiero menospreciar su riqueza. Referente a el texto considero que abarca como ya se mencionó en el título una interacción de dos sistemas importantes Ptolomeico (geocentrismo) y de Copérnico (heliocentrismo). Para realizar éste diálogo Galileo ocupa tres personajes: Salviati (personaje identificado como Galileo o Copérnico al defender la teoría heliocéntrica), Sagredo (como personaje neutral) y Simplicio (identificado como la parte que defiende la teoría geocéntrica)

Copérnico rechaza como una empresa inútil la propuesta aristotélica, puesto que con círculos concéntricos es imposible salvar los fenómenos planetarios, rechaza también la astronomía de Ptolomeo aunque conservara sus instrumentos, las excéntricas y los epiciclos, consciente de que el movimiento celeste no puede responder sino a la perfección del círculo. Critica a demás el abandono efectivo por Ptolomeo del principio de uniformidad o regularidad del movimiento circular con respecto a su centro, sustituyéndolo, por imperativos del cálculo, por la regularidad con respecto al punto ecuante.

Copérnico propuso ofrecer con los mismos instrumentos de Ptolomeo, una explicación del movimiento planetario que respetara escrupulosamente el principio de la uniformidad del movimiento circular con respecto a su centro y ofreciera unos modelos geométricos capaces de reproducir las posiciones reales de los planetas un revolución, pues, conservadora en la astronomía matemática.

Al mismo tiempo pretendía superar la separación histórica entre astronomía matemática y filosofía natural ofreciendo una astronomía o cosmología verdadera, es decir, que ofreciera una verdadera descripción del universo.

Me parece que surgirá una cuestión en relación a este texto,y es lo que quisiera que reflexionaramos, primera, como relacionamos a este autor, Galileo, con la filosofía, y que aportación da a ella. La segunda cuestión; a criterio personal como relacionarías éstos dos sistema (Ptolomeico o Copernicano) para explicar la existencia de Dios, tomando encuenta la idea de Bruno.

martes, 24 de febrero de 2009

Pico della Marandolla

PICO DELLA MIRANDOLA
DISCURSO SOBRE LA DIGNIDAD DEL HOMBRE

La vida de Pico, de por sí apasionante, se erigió en símbolo de la lucha incalificable por las ideas y la libertad intelectual, pero relegó de manera injusta su mensaje que apunta, centralmente, al respeto por la diversidad y el derecho al disenso, al tiempo que encarnó una cruzada por la paz y la concordia entre los pueblos y sus creencias.

Giovanni Pico nació en el castillo de Mirandola el 24 de febrero de 1463 en Ferrara, ciudad del norte de Italia, capital de la provincia de Ferrara, en la región de Emilia-Romaña, a orillas del río Po.

El ambiente cultural sobresaliente del quattrocento italiano, su excelente situación económica y su brillante inteligencia harían del Pico della Mirandola una de las figuras más destacadas del Renacimiento.

En 1485, durante su estadía en París, tuvo acceso a los trabajos de Averroes (1126-1198), el filósofo y teólogo asharí hispanoárabe que introdujo el pensamiento aristotélico en Occidente. Allí fue donde concibió la idea de realizar un proyecto monumental que reuniese las tradiciones culturales supervivientes en aquella época.

Hacia finales del año 1486 publicó en Roma sus Conclusiones philosophicae, cabalisticae et theologicae, conocidas como Las 900 tesis.

Esta obra, considerada su más representativo trabajo, consta de novecientas tesis o proposiciones recogidas de las más diferentes fuentes culturales, tanto de filósofos y teólogos latinos como de los árabes, los peripatéticos y los platónicos. No excluyó a los pensadores esotéricos, como Trimegisto, ni a los libros hebreos. La obra iba precedida de una introducción, que tituló "Discurso sobre la dignidad del hombre"

En esas tesis, Pico introducía sus "nuevas verdades filosóficas" con el propósito de mostrar al cristianismo como punto de convergencia de tradiciones culturales, religiosas, filosóficas y teológicas de los más diversos países y culturas. Estas novecientas conclusiones debían ser discutidas en Roma, después de la Epifanía de 1487, por los Doctos de todo el mundo, con el propósito de entablar una paz filosófica entre los cultivadores de todas las doctrinas.

Juzgado y condenado por herejía, Pico fue excomulgado, por lo que huyó a Francia, donde fue detenido y conducido a la cárcel de Vincennes. El heredero del trono de Francia, y futuro rey, Carlos VIII, intercedió en su favor y fue liberado. Tras esto, aceptó una invitación de Lorenzo el Magnífico de Médicis (1449-1492), banquero, político y mecenas italiano, y se instaló en Florencia, donde continuó profundizando sus estudios de los teólogos y esotéricos orientales, bajo la atenta mirada de la Iglesia.

En el año 1489 finalizó el Heptaplus, relato místico de la creación del universo, en el que bucea sobre el Génesis buscando desentrañar sus significados más recónditos. Dos años después, con veintiocho años de edad, renunció a sus cuantiosos bienes ya su parte del principado familiar y se entregó a un profundo fervor religioso. Viajó por toda Italia como un mendicante hasta que en 1493, el Papa Alejandro VI lo absolvió de cualquier imputación de herejía y lo admitió de nuevo en la Iglesia católica. Pico, sin embargo, no abjuró de ninguna de sus tesis. Ingresó en la Orden de los Dominicos, cuyos hábitos llegó a vestir poco antes de su muerte, acaecida a los treinta y un años, el 17 de noviembre de 1494.


"De dignitate hominis", traducida como "Discurso sobre la dignidad del hombre", parte de una premisa inicial.
Se pregunta por qué el hombre es celebrado como la criatura más privilegiada de la naturaleza, más admirada aun que los ángeles. En este tratado intenta responder y justificar el porqué de estas prerrogativas.

Dios, dice, ha creado al hombre no con una única aptitud, sino dándole en común lo que ha otorgado en particular a los individuos: de su libertad depende construirse como ángel o como bestia.

Se puede ser ángel, sostiene, con una vida activa y de contemplación, pero a la contemplación se llega por varios escalones, como la famosa escalera de Jacob.
Propone entonces, primero purificar los pies (símbolo de la vida concupiscente) y las manos (portadoras de lo irascible).
Luego, embarcarse en la escalera mediante la apropiación filosófica que tiene, según Pico, dos dinámicas: se asciende cuando se va del pensamiento múltiple a la unidad, y se desciende cuando se va de lo singular a lo múltiple.

Recorrido este camino, es posible alcanzar la perfección teológica y descansar al lado de Dios, que está en lo alto de esa escala.

Pico encuentra en la filosofía clásica, sobre todo Platón, y en la filosofía hermética del profeta persa Zoroastro (o Zaratustra, c. 630-550 a. C.) el fundamento y fin de la moral religiosa.

Así, todo su discurso sobre la dignidad del hombre busca colocar en la mesa de discusión, ya los ojos de todos, la filosofía clásica que él mismo alaba, porque, sostiene, la discusión es la gimnasia del cuerpo, mantiene fuerte y fresca a la mente.

Por otro lado y a medio de discusión les dejo dos preguntas a reflexionar:
¿Crees que Pico al hablar de la dignidad del hombre, y que este tiene que alcanzar una verdad suprema, esté refiriéndose a el mismo, en este sentido hablando de lo que pudiera ser que por ser sabio, y tener sus 900 tesis?

La expulsión de la bestia triunfante


Autor: Giordano Bruno (1548-1600)

Hablar de Giordano Bruno, es hablar de rebeldía, de revolución y de uno de los pensadores representativos del Renacimiento. En su obra se muestran las contradicciones y conflictos ideológicos más agudos de la época. La idea de un universo infinito de innumerables mundos, estructurado en sistemas solares como el nuestro y con diversos movimientos, constituye una especie de revolución copernicana que transforma por completo el pensamiento desde fines del siglo XVI.

En La expulsión de la bestia triunfante, Bruno emprende una reforma especulativa de la realidad. Los principios se contraponen a los defectos humanos y a la indiferencia de la sociedad. Además de expresar diversas ideas revolucionarías en el plano de la moral y manifestar severas críticas a los problemas sociales de su tiempo, pues el Renacimiento no es tan sólo el rescate de los modelos y textos griegos y romanos, es mucho más: una fase esencial en el desarrollo histórico de la humanidad, una gran época de revolución social, que responde al tránsito del feudalismo al capitalismo, con sus etapas de crisis generalizada por el sistema anterior y de formación y de consolidación del nuevo; que reúne, por lo mismo, residuos y reminiscencias de lo medieval, a la vez que produce los desarrollos y anticipos del mundo moderno. En síntesis, una era crítica, de cambios radicales, tránsitos constantes, agitación, inestabilidad, confusión, lucha, apasionamientos, contradicciones, grandes contrastes, de riquezas culturales insospechadas, en la cual los elementos de la civilización en decadencia se mezclan con los de la que está surgiendo.

Bajo este clima, Giordano Bruno conserva algunos rasgos medievales, mientras que en otros es plenamente moderno. Nos hallamos ante un nuevo esquema filosófico con fuertes bases argumentativas y empíricas, capaces de sustituir a las concepciones aristotélica y aristotélico-tomista como sustento filosófico general y estructura de soporte de la filosofía y la ciencia modernas.

Las concepciones de Bruno sobre el hombre, la moral y la historia son, en cierto sentido, consecuencia de sus tesis ontológicas y cosmológicas. Forja la idea del hombre a la manera típica del Renacimiento, como microcosmos, pequeño universo o totalidad; no obstante, él le da un significado más profundo a esa idea, ya que considera que en el ser humano se da la unidad básica de materia-forma, cuerpo y alma, siendo ésta la forma intrínseca de aquél. Como modo de la explicatio (desarrollo, evolución, autodesarrollo de la idea) de la materia-Dios, el hombre no es un ser caído ni imperfecto (siguiendo a Aristóteles, Bruno concibe lo perfecto en función de la especie), de alguna manera expresa a la divinidad, contiene a Dios en el núcleo de su ser. Su materialidad ya no es pensada como causa de defecto, privación o limitante, por el contrario, de potencia, realización y perfección del individuo y la especie, sin contraponerse al alma.

La mujer es revalorada al igual que la materia. Ni esta última es la casi nada, puesto que contiene en sí a las formas y el alma como principios intrínsecos, y es por ello la fuente generadora de todos los seres; y la mujer no es vista como defectuosa frente al varón.

Lamentablemente la fundamentación materialista de su filosofía, se estrella frente a la realidad de injusticias, falta de reconocimiento, abusos, farsa social y cobardía intelectual.

Bruno tiene clara la idea de que el fundamento del ser humano es su trabajo, su práctica, y que ésta deriva de las necesidades y en forma desarticulada entiende que la realidad humana no es estática y plantea una idea del progreso, de desarrollo histórico ascendente, pero su situación personal así como la que se vive a su alrededor, hará que estas ideas progresistas y objetivas le desesperen y se llegue a inclinar por el esoterismo, irracionalidad y subjetividad. Saldrán a flote ciertas contradicciones entre la objetividad de su materialismo panteísta y la subjetividad de sus resentimientos y aspiraciones. Ante esto, la moral y la religión terminan separadas, determinadas por principios extrínsecos a los sujetos, apropiadas para las masas; por otro lado, modalidades de las mismas pero apropiadas al sabio, en las que el conocimiento y la razón le proporcionan al sujeto normas y principios intrínsecos, con autodeterminación de la conducta moral, libertad plena de conciencia y aproximación a Dios por el camino del conocimiento de la realidad.

Es un texto cargado de un valor histórico y un bagaje cultural inmenso, donde no solamente se hace presente la ideología de Giordano Bruno, más aún, sus pasajes personales se denotan. Finalmente, y retomando la clase de ayer, ¿podríamos justificar la “herejía” de nuestro autor, podemos concebir a un Dios inherente a nosotros, al mundo, quizá uno solo? ¿Qué tan importante es la idea de la libertad del ser humano, a pesar de las cadenas que le impiden serlo, o más aún, las consecuencias que atraería el serlo plenamente?