lunes, 7 de diciembre de 2009

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN

Las Confesiones de San Agustín es una autobiografía donde describe su proceso de conversión al Cristianismo, pero en ellas plantea otro tema de igual importancia como es: el origen del Mal. Este es el tema central de este escrito de Agustín.

Desde su infancia fue educado en la religión Cristiana por su madre Mónica y destacó por su gran inteligencia, que con el paso del tiempo fue acrecentando. En su juventud estudió retórica en la ciudad de Cártago, que es el arte de hablar y escribir bien para deleitar, persuadir o conmover a las personas. La lectura de "Hortensius" de Cicerón le impactó profundamente y decidió abandonar la retórica por la filosofía. Su juventud fue marcada por una vida llena de desenfrenos sexuales, tuvo un hijo llamado Adeodato, que murió siendo muy joven.

También durante su juventud se adhirió a la doctrina del “maniqueísmo” que defiende la existencia de dos Principios creadores contrarios entre sí, el Bien y el Mal, todo es bueno o malo, sin grados intermedios, con esta doctrina inicia su camino para ir descifrando el origen del mal, que al plantearles esta cuestión, los dirigentes del maniqueísmo no la pueden responder y decepcionado de ellos se convierte al “escepticismo”, que es otra corriente que se basa en la duda. Afirman, la verdad existe pero no puede ser conocida y no hay ningún camino para llegar a ella.

Después de acabar decepcionado de estas doctrinas se dirige a Milán a trabajar como maestro de retórica. Aquí es donde conoce al Obispo San Ambrosio, y lo frecuenta para oír sus sermones y comprobar si su gran fama es cierta o no. Con el paso del tiempo se va convirtiendo al Cristianismo. Tiene grandes luchas internas, y en una de tantas escucha que unos niños juegan y dicen: ¡Toma y lee! ¡Toma y lee!, la ve como una llamada de Dios y lee en el Nuevo Testamento Rom. 13,13: "No en las riñas y en la embriaguez, no en la lujuria y la impureza, no en la ambición y en la envidia: poner en manos del Señor Jesucristo y abandonar la carne y la concupiscencia". Después de está señal divina, le comunica a su madre su conversión y se hace bautizar. Ella muere algún tiempo después.

De aquí pasa al gran problema que plantea en sus Confesiones, el origen del mal. Dice: si Dios es tan bueno y creó al hombre a su imagen y semejanza ¿de donde viene el mal y el no querer hacer el bien? Sus preguntas son: ¿de dónde viene el mal? y ¿cómo puede existir algo (el mal en este caso) ajeno a Dios?, o ¿puede existir contra su voluntad (de Dios)? ya que el mal no puede corromper a la divinidad, porque si ello fuera posible ya no se trataría de Dios.

Agustín hace una suposición de que el mal, es como el bien, una sustancia, pero si Dios creó toda sustancia y Dios es omnipotente, se tuvo que dar cuenta de ello y pudo eliminarla. La lectura del Éxodo le da la respuesta: “Yo soy el que soy” (las cosan son porque provienen de Él y no son porque no son Él). Con esto afirma que las cosas son buenas y por ello tienden a ser corruptibles, y las malas ya no pueden corromperse más.

El corromperse significa privarse de un bien, y solo aquello que tiene bien puede ser corrompido. Pero si algo se corrompe, deja de ser, porque “ser” es un bien, así que solamente lo que “es” existe. Lo que ya esta corrompido totalmente “no puede ser” porque está privado de todo bien y por tanto, de su ser. Concluye, “las cosas mientras son, son buenas” y dice: Dios solamente creó cosas buenas, y el mal es ausencia de ser, es decir, ausencia de bien.

2 comentarios:

omar dijo...

Saludos:

Buen trabajo, me parece que resulta muy claro el hecho de la visión marcada por el proceso de conversión de San Agustín,me resulta muy interesante dicho proceso,dado que, puede traducirce en el combate interior por reconocer la necesidad del equilibro del hombre para después endenderse ante la realidad trascendente.
Por tanto el hecho de la apariencia entre las dos posturas del bien y mal, que luego de discernir resultara en que la maldad, es una ausencia.Significara el hecho de la necesidad de buscar en lo profundo de cada uno a Dios mismo, sentido y plenitud de la vida como verdad en si misma.

Me despido agradeciendo tu aportación

Profe dijo...

Sin duda es uno del textos más importantes de la cristiandad, porque en él se cocina mucho de lo que sera la edad media ideológicamente, sobre todo cuando muchos de sus problemas y la forma de vida de San Agustín sean transmitidos hacia la constitución de las primeras reglas, una de ellas inspirada directamente en Agustín, cuyo culmen sera la de San Benito y todo el espíritu monástico de los siglos V y VI. Buen apunte Cesar.