martes, 24 de febrero de 2009

La expulsión de la bestia triunfante


Autor: Giordano Bruno (1548-1600)

Hablar de Giordano Bruno, es hablar de rebeldía, de revolución y de uno de los pensadores representativos del Renacimiento. En su obra se muestran las contradicciones y conflictos ideológicos más agudos de la época. La idea de un universo infinito de innumerables mundos, estructurado en sistemas solares como el nuestro y con diversos movimientos, constituye una especie de revolución copernicana que transforma por completo el pensamiento desde fines del siglo XVI.

En La expulsión de la bestia triunfante, Bruno emprende una reforma especulativa de la realidad. Los principios se contraponen a los defectos humanos y a la indiferencia de la sociedad. Además de expresar diversas ideas revolucionarías en el plano de la moral y manifestar severas críticas a los problemas sociales de su tiempo, pues el Renacimiento no es tan sólo el rescate de los modelos y textos griegos y romanos, es mucho más: una fase esencial en el desarrollo histórico de la humanidad, una gran época de revolución social, que responde al tránsito del feudalismo al capitalismo, con sus etapas de crisis generalizada por el sistema anterior y de formación y de consolidación del nuevo; que reúne, por lo mismo, residuos y reminiscencias de lo medieval, a la vez que produce los desarrollos y anticipos del mundo moderno. En síntesis, una era crítica, de cambios radicales, tránsitos constantes, agitación, inestabilidad, confusión, lucha, apasionamientos, contradicciones, grandes contrastes, de riquezas culturales insospechadas, en la cual los elementos de la civilización en decadencia se mezclan con los de la que está surgiendo.

Bajo este clima, Giordano Bruno conserva algunos rasgos medievales, mientras que en otros es plenamente moderno. Nos hallamos ante un nuevo esquema filosófico con fuertes bases argumentativas y empíricas, capaces de sustituir a las concepciones aristotélica y aristotélico-tomista como sustento filosófico general y estructura de soporte de la filosofía y la ciencia modernas.

Las concepciones de Bruno sobre el hombre, la moral y la historia son, en cierto sentido, consecuencia de sus tesis ontológicas y cosmológicas. Forja la idea del hombre a la manera típica del Renacimiento, como microcosmos, pequeño universo o totalidad; no obstante, él le da un significado más profundo a esa idea, ya que considera que en el ser humano se da la unidad básica de materia-forma, cuerpo y alma, siendo ésta la forma intrínseca de aquél. Como modo de la explicatio (desarrollo, evolución, autodesarrollo de la idea) de la materia-Dios, el hombre no es un ser caído ni imperfecto (siguiendo a Aristóteles, Bruno concibe lo perfecto en función de la especie), de alguna manera expresa a la divinidad, contiene a Dios en el núcleo de su ser. Su materialidad ya no es pensada como causa de defecto, privación o limitante, por el contrario, de potencia, realización y perfección del individuo y la especie, sin contraponerse al alma.

La mujer es revalorada al igual que la materia. Ni esta última es la casi nada, puesto que contiene en sí a las formas y el alma como principios intrínsecos, y es por ello la fuente generadora de todos los seres; y la mujer no es vista como defectuosa frente al varón.

Lamentablemente la fundamentación materialista de su filosofía, se estrella frente a la realidad de injusticias, falta de reconocimiento, abusos, farsa social y cobardía intelectual.

Bruno tiene clara la idea de que el fundamento del ser humano es su trabajo, su práctica, y que ésta deriva de las necesidades y en forma desarticulada entiende que la realidad humana no es estática y plantea una idea del progreso, de desarrollo histórico ascendente, pero su situación personal así como la que se vive a su alrededor, hará que estas ideas progresistas y objetivas le desesperen y se llegue a inclinar por el esoterismo, irracionalidad y subjetividad. Saldrán a flote ciertas contradicciones entre la objetividad de su materialismo panteísta y la subjetividad de sus resentimientos y aspiraciones. Ante esto, la moral y la religión terminan separadas, determinadas por principios extrínsecos a los sujetos, apropiadas para las masas; por otro lado, modalidades de las mismas pero apropiadas al sabio, en las que el conocimiento y la razón le proporcionan al sujeto normas y principios intrínsecos, con autodeterminación de la conducta moral, libertad plena de conciencia y aproximación a Dios por el camino del conocimiento de la realidad.

Es un texto cargado de un valor histórico y un bagaje cultural inmenso, donde no solamente se hace presente la ideología de Giordano Bruno, más aún, sus pasajes personales se denotan. Finalmente, y retomando la clase de ayer, ¿podríamos justificar la “herejía” de nuestro autor, podemos concebir a un Dios inherente a nosotros, al mundo, quizá uno solo? ¿Qué tan importante es la idea de la libertad del ser humano, a pesar de las cadenas que le impiden serlo, o más aún, las consecuencias que atraería el serlo plenamente?



5 comentarios:

Fernando Javier sdb dijo...

En mi punto de vista no es justificable esta herejia, estamos hablando de un pateismo puro:

Al afirmar Bruno que Dios es la sustancia y los accidentes de Dios es el mundo.

...continuará

MIGUEL dijo...

primeramente es mucho contenido del cual no me dice nada, y de acuerdo con tu pregunta ¿podríamos justificar la “herejía” de nuestro autor, podemos concebir a un Dios inherente a nosotros, al mundo, quizá uno solo? ¿Qué tan importante es la idea de la libertad del ser humano, a pesar de las cadenas que le impiden serlo, o más aún, las consecuencias que atraería el serlo plenamente?
A mi modo de ver no se podria justificar porque Dios con nosotros y sin nosotros hace lo que quiere, y el hombre tiene esa libertad de hacer lo que sea sin importar que digan los demas o
¿y tu que piensas?.
Phaselus

carreño dijo...

buen dia
ciertamente tantas palabras vuelven un poco confusas las ideas que a la mente se puedan venir,el puro titulo me hace referencia a la bestia del apocalipsis, que pone en jaque a las instituciones, solo la verdad nos hace libres porque nos ayuda a encontrar la perfeccion de las cosas y la nuestra, es pues la libertad quien rompe con la ignorancia, prejuicios, y otra serie de esquemas sociales, basicamente me atrevo a deciros que por la serie de cambios (dan miedo)el ser humano le huye un tanto a lo novedoso, y prefiere sumirse en su propio YO antes que explorar la realidad y de salotar las cadenas de ignorancia que le conlleva, cabe resaltar que la persona que es libre es responsable de absolutamente toda su persona, no evade las responsabilidad a las demas personas "coje al toro por los cuernos"

filosfolio dijo...

Con la teoría de Bruno el ser humano gana en libertad, puesto que queda liberado de la materia, que con Platón y los neoplatónicos la materia es relegada. El hombre al ser parte del universo (microcosmos), es concebido también como manifestación o parte sensible de la divinidad (panteísmo).
Por mi parte creo que el juicio de heregía de Bruno en esos tiempos, es justificable, dado que todo ser existente sería Dios (panteísmo radical).

David Reynoso dijo...

El ser libre es olvidarse de cuestiones de conciencia y morales; romper con límites de conciencia regidas por la suposición de un castigo divino, esto trae como consecuencia la centralidad en el razonamiento del hombre, él es capaz de decidir, de sentir, de actuar bajo sus criterios sintiéndose bien, sin prejuicios; en fin, ejercer su libertad.
Referente a la herejía, ésta significa elección por lo tanto ejerció su libertad.