martes, 5 de enero de 2010

BOECIO:

CONSOLACIÓN SOBRE LA FILOSOFÍA

En este texto se da una especie de diálogo entre dos personajes: una la filosofía quien es la que consuela a Boecio, preso acusado de practicar magia, y ella es quien le enseña filosofía.

Ella comienza con una búsqueda de cómo consolar su estado de ánimo, y le pregunta si piensa que el mundo está movido por la casualidad temeraria y fortuita o por una dirección racional, a lo que él contesta que es Dios el autor que es él quien rige al mundo, pero de ahí surge otra duda, de qué instrumentos se sirve Dios, a lo que no pudo contestar. De ahí sigue otra pregunta: ¿cuál es el fin de las cosas y qué dirige la tendencia de la naturaleza entera, y de dónde proceden todas las cosas? Él responde que es de Dios.

Con esto es como se da cuenta la filósofa que Boecio ha perdido el conocimiento de lo que es, se da cuenta que está envuelto en una confusión que ocasiona este olvido; de la misma manera es por ello que ignora el fin de las cosas y tiene por poderosos y felices a los perversos y malvados, considerando el vaivén de la fortuna de las personas. Para ello existe una ayuda para la recuperación de su salud la cual es la ordenación divina, pero para ello se requiere de disponibilidad y reconocer el esplendor de la luz verdadera.

Es así que comenzó a hablar con una posición de regocijo de su cuerpo diciendo que todo afán de los mortales tiende a un solo fin: la felicidad, aquel bien con cuya consecución ya no queda más qué desear, o sea que es el sumo bien, que abarca dentro de si a todos los bienes, si le falta algo ya no sería el sumo bien porque queda algo que se puede desear. Es estado perfecto porque se reúnen todos los bienes. Es así como todos los hombres se afanan en conseguir la felicidad, cabe mencionar que por diferentes vías, y que el error puede desorientar esas vías y hace que se busquen falsos bienes.

Unos creen que el bien supremo es no carecer de nada; de acumular riquezas, llegar a la cumbre de los honores, obtener reputación, otros lo ponen en el poderío supremo, en la fama, en hacer su nombre glorioso, miden la eficacia del bien por el gozo y la alegría; ellos son los que piensan que la felicidad es nadar en placeres, acoger por deseo de poderío o placer. El anhelo del espíritu humano es el que reclama su bien propio. Es así que el bien eso tras de lo cual van los mortales, de diferente forma y con la cual se manifiesta la inclinación natural.

Puede existir el bien perfecto y el bien imperfecto pero sólo existe la perfección de la felicidad, hay que reconocer que Dios es y contiene el bien sumo y perfecto, la felicidad reside en Dios Soberano, es el ser más excelente de todos. Nada puede ser superior que Él, que a su principio, pues es Él el principio y por consiguiente es el sumo bien. Se le considera como la felicidad misma.

Para esto se debe tener claro que no puede haber dos bienes sumos distintos entre sí, porque ninguno de los dos sería perfecto, pues a uno le faltaría lo del otro, es por eso que lo que no sea perfecto no es sumo. Se concluye que la felicidad y Dios son el bien sumo. El hombre cuando llega a ser feliz, lo hace consiguiendo la divinidad y así se hace Dios, es así que todo hombre feliz es Dios, pero es bueno aclarar que Dios por naturaleza sólo hay uno, y por participación no impide que haya muchísimos.

De aquí se pasa al deseo de toda cifra y causa, lo cual es el bien, pero debe ser real y no aparentar bien, si no, no parece ser deseado, es por eso que se estima al bien como la cifra, causa y raíz de todos los objetos deseados, y es así que la felicidad es lo único que apetece.

Toda generación de las cosas, evolución, tiene sus causas, su orden y sus formas en la estabilidad de la inteligencia divina, que es quien determina el orden y medida de los acontecimientos; se le llama Providencia si se considera el ser puro de la divina inteligencia, los antiguos le llamaron Destino. La providencia reside en el ser supremo y lo dispone todo, el Destino es la disposición inmanente a las cosas mudables, por medio de la cual la Providencia las conexiona y le da a todo su propio lugar, abarcando todos los seres en su multiplicidad infinita y el Destino les da uno a uno los lugares, formas y tiempos particulares. Una depende de la otra. Es así que Dios por su Providencia, dispone cada uno de los acontecimientos, y por el Destino, distribuye esos acontecimientos que planeó. Por eso Él ve lo que conviene a cada uno y se lo otorga. En este ámbito entra el tema del azar que es un suceso debido a un movimiento fortuito, no es absolutamente nada, sin significado, ya que de la nada, nada sale, no existe el azar; puesto que existe la Providencia pues de ella determina el lugar y el tiempo a cada cosa.

Aquí entra el libre albedrío, como esa capacidad que el hombre tiene de discernir las cosas que se le presentan, distinguir lo que le rechaza o lo que apetece de lo cual es lo que se busca. En este caso existe una contradicción entre la presciencia universal de Dios y la existencia del libre albedrío, ya que si Dios todo lo prevé, debe suceder lo que la providencia ha previsto que será y si esto sucede, ya no habrá libre albedrío. Es así como se llega a la conclusión de que es bueno saber que Dios contempla todos los actos del hombre, con su presencia divina y su mirada presente conoce la cualidad de cada uno recompensando a los buenos y castigando a los malos. Es por ello que hace la invitación de apartarse de los vicios y practicar la virtud, la esperanza, y hacer que las oraciones suban al cielo, y tener como ley suprema la probidad y la honradez, ya que todo cuanto se hace, está bajo la mirada de un juez que todo lo ve.


domingo, 3 de enero de 2010

Escoto Erígena

“O sea si, sí pero no…”

Comienzo la breve exposición de los textos de Juan Escoto Erígena (o Eriugena) proporcionando en pocas palabras algo de información sobre el autor, lo cual nos ayudará a entender los fundamentos de su pensamiento.

Juan Escoto Erigena (810 – 877 d.C.) nace en Irlanda. La obra de Escoto constituye el primer gran ensayo medieval de un sistema filosófico que explique los dogmas teológicos y concuerde con ellos, siendo su base principal los textos del pseudo Dionisio Areopagita que en ese tiempo era San Dionisio… Con esta breve introducción me dispongo a presentarles en pocas palabras el contenido de su obra Periphyseon, sobre la división de la naturaleza que esta dividida en cuatro libros y escrita en forma de diálogo entre un maestro y su alumno.

fusiz, natura o naturaleza se concuerda que es el nombre general para todas las cosas que son y que no son, y desde este punto se comienza a indagar sobre su división donde el maestro ayuda a la poca experiencia del alumno poniéndole como base las cuatro divisiones: la primera es la división en naturaleza que crea y no es creada; la segunda, en la que es creada y crea; la tercera, en la que es creada y no crea; y la cuarta, en la ni crea ni es creada. A la vez, él dice, que en estos cuatro principios hay dos pares de opuestos que los invito a tratar de identificar cuáles son las oposiciones de cada uno…

En el primer principio se refiere fundamentalmente a la naturaleza divina la cual es quien crea todo lo que existe, pero ¿de dónde lo crea?; y no es creado; también aborda el tema de la esencialidad de Dios para introducir el de los nombres divinos ya que ¿cuál es la mejor forma de referirse a Dios?, por ejemplo: ¿cuál expresión se acerca más al concepto de Dios: “Él es verdad” o “Él no es verdad”? ya que una se refiere a términos concebidos desde la mente humana y la otra aunque es una negación reconoce que Dios es incomprensible, negando que se le pueda llamar verdad o que lo sea…

En el segundo y tercer principios se refiere hacia las creaturas, manteniendo la diferencia sútil entre crear y no crear. Las que crean se identifican con las causas primordiales que los griegos las llaman ideas relacionándolas con un progreso racional del pensamiento; y las que no crean participan (se derivan) a partir de una “esencia” superior.

Y por último, el cuarto principio se refiere a la nada, la cual no debemos de entender como materia, ocasión o algo más sino como la privación absoluta de toda esencia.

Y les comparto una frase de la segunda obra de este mismo autor llamada Sobre la predestinación divina que dice: “La verdadera filosofía es la verdadera religión, y, a la inversa, la verdadera religión es la verdadera filosofía”.

Como espero que se hallan dado cuenta, esta breve exposición sobre las obras de Escoto Erígena solo pretenden ser una espinita que los motive a la reflexión sobre los temas que él mismo recoge de la tradición para nutrirlos con su forma de pensar, lo cual pienso que podemos seguir enriqueciendo sin perder las bases de las cuales tomamos el alimento que nos nutre y estamos procesando. Y si pensábamos que conocíamos algo, pues “si, si pero no” ya que todavía hay mucho material de reflexión sin quitar nuestros mérito de lo conocido.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

San Agustín; La ciudad de Dios

Agustín de Hipona, o San Agustín (en latín: Aurelius Augustinus Hipponensis; en griego: Αὐγουστῖνος Ἱππῶνος, Augoustinos Hippōnos), nace en Tagaste en el año 354 y muere en el 430, junto con San Jerónimo de Estridón, San Gregorio Magno y San Ambrosio de Milán son de los cuatro más importantes Padres de la Iglesia latina.

El texto de la Ciudad de Dios (De Civitate Dei) de San Agustín es una obra que contiene 22 libros, escrito contra el paganismo entre el año 412 y 426; es decir, lo escribe en su vejez.

El texto está hecho a petición de Marcelino y la promesa del autor en contra de los que anteponen sus dioses a su Fundador, en defensa de la gloriosísima Ciudad de Dios. Va sobre todo contra los soberbios y ensalzando a los humildes con las palabras de la Sagrada escritura.

Su sentido primario no es político, sino esencialmente religioso. Habla de dos ciudades como la representación de los dos reinos, el de Dios y el del demonio, el de la luz y de las tinieblas, el del bien y del mal, el del amor y del odio, el del cielo y de la tierra.

San Agustín cuestiona que podría alguien pensar: ¿Por qué ha alcanzado esta divina misericordia también a los impíos e ingratos?, ¿Por qué pensamos sino porque es dádiva de aquel que hace salir el sol sobre los buenos y los malos y llueve sobre justos y pecadores? Sin embargo, la paciencia de Dios invita a los malos a la penitencia y a los buenos en la paciencia, lo que busca es ser justo, sin que los bienes del que goza los malos sean apetecidos y ni los males de los buenos lo eviten. Habla y le da mucha importancia también la cualidad del uso de las cosas o en la medida que trata a los buenos y malos.

No debemos temer la necesidad de algunas cosas, que aunque algunos la sustraen, otros se quedan en ella, y que entre las cosas que no quieren sujetar a la necesidad, ponen las voluntades. si entendemos por necesidad nuestra lo que no está en nuestro poder, como la muerte, es evidente que nuestras voluntades no están dominadas por la necesidad.

Dios es la fuente de nuestra felicidad y el fin de nuestros deseos, nuestro bien no es más que unirnos a Él. Al que sabe amarse a sí mismo, cuando se le manda amar al prójimo como a sí mismo, ¿qué otra cosa se le manda sino encarecer al otro, en cuanto esté de su parte, el amor a Dios? Dice San Agustín que es la verdadera religión, está la recta piedad y la servidumbre debida a sólo Dios.

La Trinidad es simple e inmutable, de las tres personas es un solo Dios, en ella no hay distinción entre la cualidad y la sustancia. Tiene cierta la cualidad inamisible de su incorrupción; pero, permaneciendo la sustancia corporal, no es lo que la misma incorrupción. No puede existir más incorruptibilidad de una cosa a otra. Aunque la incorruptibilidad sea inseparable del cuerpo incorruptible, una cosa es la sustancia por la que se llama cuerpo y otra la cualidad por la que se llama incorruptible. Según esto son llamadas simples las cosas que verdadera y principalmente son divinas, porque en ellas no es cosa la cualidad y otra la sustancia, sino que solo son uno. Todo lo que hizo Dios lo conocía, si no lo hubiera conocido, no lo hubiera hecho y nosotros tampoco lo hubiéramos conocido y no podría existir.

Dice San Agustín que la filosofía estaba dividida en tres partes (tripartita); una que la llaman Física, otra Lógica y la última Ética, que después se le llaman natural, racional y moral, no es porque hayan considerado a Dios, pero que Platón fue el primero en descubrir esta división considerando a Dios el autor de todas las naturalezas, y el dador de la inteligencia, y el inspirador del amor y que lleva a una vida feliz y buena. Que toda obra humana se debe tener en cuenta tres aspectos; la naturaleza por el ingenio, la doctrina por la ciencia y el uso por el fruto. Nuestra naturaleza para existir tiene a Dios por Autor, para sentir lo verdadero debemos tenerle a Él por Doctor, y a Él mismo, para ser felices.

Habla del amor, pero lo que dice es que el hombre que se llama “hombre bueno” no es lo correcto porque dice que no es el que sabe lo que es bueno, sino el que ama lo que es bueno. Existe un amor que se ama lo que no debe amarse, y este odia lo que debe amarse. Siendo como somos hombres, creados a imagen de nuestro Creador, cuya es la eternidad verdadera, la verdad eterna y la verdadera y eterna caridad, que es la Trinidad eterna, verdadera y amada, sin confusión ni división y que nos ha dado ciertos vestigios de su belleza.

San Agustín dice que existe un solo bien inmutable, Dios, uno, verdadero y feliz. Las cosas creadas son buenas porque proceden de Él, pero bienes mudables, porque fueron hechos de la nada, pero los que se alejan de Él tienen vicio y por eso son malos. Esto es que alguien puede pensar que los ángeles apóstatas proceden de otro principio y no de Dios. Siendo Dios inmutable pudo dar a las cosas de la nada el ser; así como se forma del saber a la sabiduría, así se formó la esencia del ser. La naturaleza de Dios nunca desfallece, pero sí de los seres hecho de la nada, tienen causas eficientes y deficientes.

Desde que comenzamos a existir en el cuerpo mortal, nunca dejamos de tender hacia la muerte. Todos estamos más cercano a la muerte después de un año. Dos amores son los que fundan las dos ciudades; el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena (se gloría a sí mismo o busca la gloria de los hombres) y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial (gloría a Dios).

lunes, 7 de diciembre de 2009

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN

Las Confesiones de San Agustín es una autobiografía donde describe su proceso de conversión al Cristianismo, pero en ellas plantea otro tema de igual importancia como es: el origen del Mal. Este es el tema central de este escrito de Agustín.

Desde su infancia fue educado en la religión Cristiana por su madre Mónica y destacó por su gran inteligencia, que con el paso del tiempo fue acrecentando. En su juventud estudió retórica en la ciudad de Cártago, que es el arte de hablar y escribir bien para deleitar, persuadir o conmover a las personas. La lectura de "Hortensius" de Cicerón le impactó profundamente y decidió abandonar la retórica por la filosofía. Su juventud fue marcada por una vida llena de desenfrenos sexuales, tuvo un hijo llamado Adeodato, que murió siendo muy joven.

También durante su juventud se adhirió a la doctrina del “maniqueísmo” que defiende la existencia de dos Principios creadores contrarios entre sí, el Bien y el Mal, todo es bueno o malo, sin grados intermedios, con esta doctrina inicia su camino para ir descifrando el origen del mal, que al plantearles esta cuestión, los dirigentes del maniqueísmo no la pueden responder y decepcionado de ellos se convierte al “escepticismo”, que es otra corriente que se basa en la duda. Afirman, la verdad existe pero no puede ser conocida y no hay ningún camino para llegar a ella.

Después de acabar decepcionado de estas doctrinas se dirige a Milán a trabajar como maestro de retórica. Aquí es donde conoce al Obispo San Ambrosio, y lo frecuenta para oír sus sermones y comprobar si su gran fama es cierta o no. Con el paso del tiempo se va convirtiendo al Cristianismo. Tiene grandes luchas internas, y en una de tantas escucha que unos niños juegan y dicen: ¡Toma y lee! ¡Toma y lee!, la ve como una llamada de Dios y lee en el Nuevo Testamento Rom. 13,13: "No en las riñas y en la embriaguez, no en la lujuria y la impureza, no en la ambición y en la envidia: poner en manos del Señor Jesucristo y abandonar la carne y la concupiscencia". Después de está señal divina, le comunica a su madre su conversión y se hace bautizar. Ella muere algún tiempo después.

De aquí pasa al gran problema que plantea en sus Confesiones, el origen del mal. Dice: si Dios es tan bueno y creó al hombre a su imagen y semejanza ¿de donde viene el mal y el no querer hacer el bien? Sus preguntas son: ¿de dónde viene el mal? y ¿cómo puede existir algo (el mal en este caso) ajeno a Dios?, o ¿puede existir contra su voluntad (de Dios)? ya que el mal no puede corromper a la divinidad, porque si ello fuera posible ya no se trataría de Dios.

Agustín hace una suposición de que el mal, es como el bien, una sustancia, pero si Dios creó toda sustancia y Dios es omnipotente, se tuvo que dar cuenta de ello y pudo eliminarla. La lectura del Éxodo le da la respuesta: “Yo soy el que soy” (las cosan son porque provienen de Él y no son porque no son Él). Con esto afirma que las cosas son buenas y por ello tienden a ser corruptibles, y las malas ya no pueden corromperse más.

El corromperse significa privarse de un bien, y solo aquello que tiene bien puede ser corrompido. Pero si algo se corrompe, deja de ser, porque “ser” es un bien, así que solamente lo que “es” existe. Lo que ya esta corrompido totalmente “no puede ser” porque está privado de todo bien y por tanto, de su ser. Concluye, “las cosas mientras son, son buenas” y dice: Dios solamente creó cosas buenas, y el mal es ausencia de ser, es decir, ausencia de bien.

jueves, 3 de diciembre de 2009

Orígenes. De principiis y Contra Celsum


De principiis

El primer escrito que ahora presento es el estudio teológico De principiis, escrito alrededor del 230. Se trata de una exposición de los principales presupuestos del cristianismo. El texto que se conserva en una versión de San Rufino que se trata de una abreviación del texto original y está divido en cuatro libros.

En el capítulo I Orígenes argumenta que Dios es incomprehensible e inescrutable ya que todo lo que podamos pensar o decir de Él es con mucho inferior a lo que realmente es, por tanto, ya que nuestra mente no es capaz por sí misma de concebir a Dios como es, por la belleza de sus obras y la magnificencia de sus creaturas viene en conocimiento de Dios (De principiis, I 5). Así, en la medida en que estamos más en contacto con las cosas materiales nos volvemos más obtusos y lentos, sin embargo cuando nuestra inteligencia se empeña en alcanzar las cosas más sublimes podremos entonces alcanzar a percibir algo de si divinidad.

Menciona que Dios es una naturaleza intelectual, que no admite mayor o menor perfección sino que es sentido absoluto mónada (unidad) “de donde mana toda naturaleza intelectual y toda inteligencia” (De pri… I 6), y la inteligencia no necesita de algún espacio material para realizar su actividad propia es por esto que Dios no está sometido ni al tiempo ni al espacio, y de él mana toda inteligencia.

Por otro lado, el hombre está forma por cuerpo y alma, es por esa razón que tenemos una vida terrena, tenemos sentidos corporales, oído, vista, etc., sin embargo por el don del alma también tenemos sentidos no materiales como la sensibilidad y la inteligencia, por tratarse de sentidos que están más allá del plano material, son considerados como superiores. En el pensamiento de Orígenes, así como los sentidos materiales se ocupan de los objetos materiales, los sentidos inmateriales deben ocuparse de las cosas inmateriales, en este caso se refiere al acercamiento a Dios, que es el una naturaleza intelectual; Dios no puede ser entendido por una naturaleza corporal.

En el libro II habla sobre la materia que fue creada de la nada, antes de que todo existiera, es por ello que su naturaleza es mudable, de ahí que Orígenes haya hablado anteriormente de que la materia se podía transformar en todo. Así, la desidia y el cansancio en el trabajo por conservar el bien, el abandono y descuido de las cosas mejores, dieron comienzo a un alejamiento del bien, y el alejarse del bien es lo mismo que el afincarse en el mal, de esto resulta que cuando uno se aleja del bien tanto más se acerca al mal.

Finalmente en el tercer libro Orígenes hace una clasificación de las cosas que se mueven, es decir, de las cosas cambiantes. Éstas están divididas en dos clases, aquellas que reciben el movimiento de fuera, o sea las cosas inanimadas; por otro lado están las cosas que tienen el movimiento en sí mismo, estas son aquellas que tienen vida o alma. Estos a su vez se subdividen en aquellos que se mueven por sí, los que no tienen alma como las plantas, y aquellos que lo hacen de por sí, aquellos que tienen alma, como el hombre.

Contra Celso

El segundo escrito es una obra apologética, que quiere ser una contestación a un pensador judío que cuestiona ciertas afirmaciones de la fe cristiana. Fue escrita entre los años 245 y 250 supuestamente por petición de Ambrosio, amigo y admirador de Orígenes. Este escrito es el segundo más importante de su obra porque aquí deja entrever cierta influencia neoplatónica y además sostiene y fundamenta las doctrinas cristianas. La estructura del escrito es simple ya que en cada apartado se dedica a exponer alguna afirmación de Celso y posteriormente a refutarla o complementarla.

Como primer punto hace un elogio de la conducta socrática de permanecer firme a sus convicciones a pesar de que sabía que iba a morir, así también ejemplifica el pasaje en la vida de Jesús que sabía que iba a ser traicionado y negado y a pesar de ello siguió con su testimonio de vida. Esto lo explica contradiciendo a Celso que dice “¿qué Dios, qué demon o qué hombre sensato, sabiendo de antemano que le iba a pasar todo eso, no hubiera tratado, en lo posible, de evitarlo, y no arrojarse a los mismo que preveía?”. (Contra Celsum, II 146).

Otra afirmación de Celso es que los ciclos humanos siempre serán los mismos de principio a fin, y que las cosas que pasan siempre se repetirán. Contra esto, Orígenes recurre de nuevo a presupuesto del libre albedrío, si es verdad como dice Celso entonces no es posible que podamos tener la capacidad de decidir sino que estaríamos ligados a una especie de destino que nos impediría ser libres porque siempre tendríamos que hacer lo mismo. A todo esto se suman los estoicos diciendo que no sólo el periodo mortal tiene un ciclo sino que el divino también lo tiene, así cuado el ciclo se vuelva a repetir y las personas vuelvan a nacer serán indistinguibles de las que hayan estado anteriormente, así, cuando Sócrates vuelva a nacer, no será él sino otra persona indistinguible a él.

Respecto al tema del mal, al respecto Celso dice que aunque hagas una obra mala no sabes si eso va a hacer bien a otros o a ti mismo porque no sabes lo que conviene en ese momento. Orígenes completando dice que efectivamente Dios, respetando nuestro libre albedrío, a veces se vale de las malas acciones del los otros para hacer algún bien pero que nosotros no podemos saber si eso está haciendo algún bien para otra persona por ello no es recomendable haces obras malas.

Posteriormente pasa a hacer una argumentación acerca de que Dios es creador de todo y todo lo ha hecho para el hombre. Así contra la posición de Celso quien defiende que ha ciertas cosas, como los rayos y los truenos, que no están en función del hombre, así como también es muy cuestionable que el hombre trabajo para conseguir su alimento y las bestias no. Orígenes justifica que todo lo creado está hecho para el hombre ya que el hombre, ser racional, es superior a todo cuanto hay, sólo él es capaz de darle una utilidad a todo, “la Providencia provee principalmente a los racionales; pero, por concomitancia de lo que se hace por razón de los hombres gozan también los irracionales” (Cont… IV 155). De la misma manera también justifica que el hombre tenga que trabajar para conseguir su alimento ya que, según Orígenes, Dios quiere que desarrollemos las artes y oficios para servirnos de ellos, y aprovechar realmente nuestra racionalidad.

Finalmente recupera algunos elemntos de Platón para fundamentar sus ideas. Su idea de Dios es que no participa de la sustancia (o esencia: ousía), más bien participa, y es participado por quienes tiene el espíritu de Dios, así, tampoco Jesús, participa de su justicia sino que siendo El la misma justicia partición los dos juntos (Cont… VI 161). También cita las palabras del Timeo, para decir que es nuestra tarea es encontrar al Creador, pero quien lo encontrase no lo podría manifestar por su naturaleza divina. De este modo concluye que la naturaleza humana no es suficiente para buscar a Dios y hallarlo en su ser puro.

lunes, 2 de marzo de 2009

DIÁLOGOS DE LOS DOS MÁXIMOS SISTEMAS.


DIÁLOGOS DE LOS DOS MÁXIMOS SISTEMAS.
(Galileo Galilei)

Primeramente quiero decir que este texto es muy extenso en cuanto a contenido, pero no quiero menospreciar su riqueza. Referente a el texto considero que abarca como ya se mencionó en el título una interacción de dos sistemas importantes Ptolomeico (geocentrismo) y de Copérnico (heliocentrismo). Para realizar éste diálogo Galileo ocupa tres personajes: Salviati (personaje identificado como Galileo o Copérnico al defender la teoría heliocéntrica), Sagredo (como personaje neutral) y Simplicio (identificado como la parte que defiende la teoría geocéntrica)

Copérnico rechaza como una empresa inútil la propuesta aristotélica, puesto que con círculos concéntricos es imposible salvar los fenómenos planetarios, rechaza también la astronomía de Ptolomeo aunque conservara sus instrumentos, las excéntricas y los epiciclos, consciente de que el movimiento celeste no puede responder sino a la perfección del círculo. Critica a demás el abandono efectivo por Ptolomeo del principio de uniformidad o regularidad del movimiento circular con respecto a su centro, sustituyéndolo, por imperativos del cálculo, por la regularidad con respecto al punto ecuante.

Copérnico propuso ofrecer con los mismos instrumentos de Ptolomeo, una explicación del movimiento planetario que respetara escrupulosamente el principio de la uniformidad del movimiento circular con respecto a su centro y ofreciera unos modelos geométricos capaces de reproducir las posiciones reales de los planetas un revolución, pues, conservadora en la astronomía matemática.

Al mismo tiempo pretendía superar la separación histórica entre astronomía matemática y filosofía natural ofreciendo una astronomía o cosmología verdadera, es decir, que ofreciera una verdadera descripción del universo.

Me parece que surgirá una cuestión en relación a este texto,y es lo que quisiera que reflexionaramos, primera, como relacionamos a este autor, Galileo, con la filosofía, y que aportación da a ella. La segunda cuestión; a criterio personal como relacionarías éstos dos sistema (Ptolomeico o Copernicano) para explicar la existencia de Dios, tomando encuenta la idea de Bruno.