martes, 5 de enero de 2010

BOECIO:

CONSOLACIÓN SOBRE LA FILOSOFÍA

En este texto se da una especie de diálogo entre dos personajes: una la filosofía quien es la que consuela a Boecio, preso acusado de practicar magia, y ella es quien le enseña filosofía.

Ella comienza con una búsqueda de cómo consolar su estado de ánimo, y le pregunta si piensa que el mundo está movido por la casualidad temeraria y fortuita o por una dirección racional, a lo que él contesta que es Dios el autor que es él quien rige al mundo, pero de ahí surge otra duda, de qué instrumentos se sirve Dios, a lo que no pudo contestar. De ahí sigue otra pregunta: ¿cuál es el fin de las cosas y qué dirige la tendencia de la naturaleza entera, y de dónde proceden todas las cosas? Él responde que es de Dios.

Con esto es como se da cuenta la filósofa que Boecio ha perdido el conocimiento de lo que es, se da cuenta que está envuelto en una confusión que ocasiona este olvido; de la misma manera es por ello que ignora el fin de las cosas y tiene por poderosos y felices a los perversos y malvados, considerando el vaivén de la fortuna de las personas. Para ello existe una ayuda para la recuperación de su salud la cual es la ordenación divina, pero para ello se requiere de disponibilidad y reconocer el esplendor de la luz verdadera.

Es así que comenzó a hablar con una posición de regocijo de su cuerpo diciendo que todo afán de los mortales tiende a un solo fin: la felicidad, aquel bien con cuya consecución ya no queda más qué desear, o sea que es el sumo bien, que abarca dentro de si a todos los bienes, si le falta algo ya no sería el sumo bien porque queda algo que se puede desear. Es estado perfecto porque se reúnen todos los bienes. Es así como todos los hombres se afanan en conseguir la felicidad, cabe mencionar que por diferentes vías, y que el error puede desorientar esas vías y hace que se busquen falsos bienes.

Unos creen que el bien supremo es no carecer de nada; de acumular riquezas, llegar a la cumbre de los honores, obtener reputación, otros lo ponen en el poderío supremo, en la fama, en hacer su nombre glorioso, miden la eficacia del bien por el gozo y la alegría; ellos son los que piensan que la felicidad es nadar en placeres, acoger por deseo de poderío o placer. El anhelo del espíritu humano es el que reclama su bien propio. Es así que el bien eso tras de lo cual van los mortales, de diferente forma y con la cual se manifiesta la inclinación natural.

Puede existir el bien perfecto y el bien imperfecto pero sólo existe la perfección de la felicidad, hay que reconocer que Dios es y contiene el bien sumo y perfecto, la felicidad reside en Dios Soberano, es el ser más excelente de todos. Nada puede ser superior que Él, que a su principio, pues es Él el principio y por consiguiente es el sumo bien. Se le considera como la felicidad misma.

Para esto se debe tener claro que no puede haber dos bienes sumos distintos entre sí, porque ninguno de los dos sería perfecto, pues a uno le faltaría lo del otro, es por eso que lo que no sea perfecto no es sumo. Se concluye que la felicidad y Dios son el bien sumo. El hombre cuando llega a ser feliz, lo hace consiguiendo la divinidad y así se hace Dios, es así que todo hombre feliz es Dios, pero es bueno aclarar que Dios por naturaleza sólo hay uno, y por participación no impide que haya muchísimos.

De aquí se pasa al deseo de toda cifra y causa, lo cual es el bien, pero debe ser real y no aparentar bien, si no, no parece ser deseado, es por eso que se estima al bien como la cifra, causa y raíz de todos los objetos deseados, y es así que la felicidad es lo único que apetece.

Toda generación de las cosas, evolución, tiene sus causas, su orden y sus formas en la estabilidad de la inteligencia divina, que es quien determina el orden y medida de los acontecimientos; se le llama Providencia si se considera el ser puro de la divina inteligencia, los antiguos le llamaron Destino. La providencia reside en el ser supremo y lo dispone todo, el Destino es la disposición inmanente a las cosas mudables, por medio de la cual la Providencia las conexiona y le da a todo su propio lugar, abarcando todos los seres en su multiplicidad infinita y el Destino les da uno a uno los lugares, formas y tiempos particulares. Una depende de la otra. Es así que Dios por su Providencia, dispone cada uno de los acontecimientos, y por el Destino, distribuye esos acontecimientos que planeó. Por eso Él ve lo que conviene a cada uno y se lo otorga. En este ámbito entra el tema del azar que es un suceso debido a un movimiento fortuito, no es absolutamente nada, sin significado, ya que de la nada, nada sale, no existe el azar; puesto que existe la Providencia pues de ella determina el lugar y el tiempo a cada cosa.

Aquí entra el libre albedrío, como esa capacidad que el hombre tiene de discernir las cosas que se le presentan, distinguir lo que le rechaza o lo que apetece de lo cual es lo que se busca. En este caso existe una contradicción entre la presciencia universal de Dios y la existencia del libre albedrío, ya que si Dios todo lo prevé, debe suceder lo que la providencia ha previsto que será y si esto sucede, ya no habrá libre albedrío. Es así como se llega a la conclusión de que es bueno saber que Dios contempla todos los actos del hombre, con su presencia divina y su mirada presente conoce la cualidad de cada uno recompensando a los buenos y castigando a los malos. Es por ello que hace la invitación de apartarse de los vicios y practicar la virtud, la esperanza, y hacer que las oraciones suban al cielo, y tener como ley suprema la probidad y la honradez, ya que todo cuanto se hace, está bajo la mirada de un juez que todo lo ve.


2 comentarios:

M. Serrano dijo...

bien explicado y parece que el texto te quedó bastante claro.
Mis preguntas son las siguientes:
-¿Dios = felicidad?
-¿Cómo es que un hombre feliz es Dios?
-¿Podrías ser más explícito en la participación del hombre respecto de Dios.
-¿Cómo ligas el libre albedrío con la felicidad?

Muy bien
Gracias

omar dijo...

Buen trabajo:
Me parece muy concreta tu precentación, que me hace pensar:

-El hombre tiene parcialmente en sus manis su felicidad o la condena por su libertad.

-Dios en su providencia es capaz de conducirnos a un buen camino,¿somos capaces de transcitarlo?

-La felicidad es una realidad, fruto del sacrificio y la radicalidad de ua opción de vida; que no ha de perder la noción del ser y la radicalidad con la que nos presentamos ante el.

Me despido agradeciendote tu apotación.