martes, 19 de enero de 2010

PEDRO ABELARDO

PEDRO ABELARDO

(1079 – 1142)

Se puede considerar a Abelardo, como uno de los primeros filósofos Medievales que van a dar origen a la Escolástica, él era un hombre enérgico y luchador, con altura intelectual, es el más brillante maestro de Teología y Filosofía. Sus adversarios fueron muchos y muy cualificados, entre ellos, Bernardo de Claraval es algo así como su perseguidor intelectual de oficio. Es uno de los destacados representantes del humanismo del s. XII.

La filosofía de Abelardo va ser una respuesta al problema de los Universales que surgen a consecuencia del realismo exagerado (existe la res <>) y el anti-realismo (no existe como cosa). En las glosas Logica Ingredientibus y Logica nostrorum petitioni sociorum, son la explicación que el maestro hace de la obra de Porfirio isagoge (introducción) a las categorías de Aristóteles (traducción de Boecio).

Boecío, a quien va interpretar Pedro Abelardo, distingue tres especies de filosofía:

1. La Especulativa que estudia la naturaleza de las cosas

2. La moral que considera la bondad de los actos humanos

3. La racional que trata de la argumentación, ya la que los griegos denominan lógica

Esta última según atestigua Boecío, algunos la separaban de la filolsofía y la llamaban, no parte, sino instrumento de la filosofía, porque las demás se mueven en ella, al hacer uso de sus argumentos para probar sus propias cuestiones.

Así, plantea un a cuestión de la filosofía natural o moral, los argumentos se toman de la lógica. Boecío dice: que no hay ninguna dificultad en que una misma cosa ser instrumento y parte de la otra, como lo es la mano respecto del cuerpo.

Hay tres cuestiones, es decir de Boecío, recónditas y ultimísimas y tocadas por no pocos filósofos, pero por poco resueltas, y esto es lo que va tratar de responder el maestro Abelardo:

1. Si los géneros y las especies subsisten, o están sólo en las mentes, etc; como si dijese: si están verdaderamente, o consisten sólo en que se piensan en ellas.

2. Caso que se condena que verdaderamente existen, si son esencias, corpóreas o incorpóreas.

3. Si están separadas de las cosas sensibles o residen en ellas.

Boecío expone al lector, que el no es capaz de responder a las cuestiones y después agrega que para responderlas necesita de mayor estudio ya que esto es altísimo, pero el autor si lo puede responder.

Boecío recuerda que:

· Aristóteles pensaba que los géneros y especies subsisten tan sólo en los seres sensibles, y que formaban un concepto de ellos fuera (en la mente).

· Y que Platón, opinaba que sólo se les pensaba fuera de las cosas sensibles, sino que también existían fuera de ellas.

Y como trata que los géneros y las especies son universales, en los cuales toca de una manera general las propiedades de los universales. Distingamos ahora de manera general las propiedades de los universales, contrastándolas con los singulares, y tratemos de ver si esas propiedades competen sólo a los hombres o también a las cosas.

Aristóteles define a los universales como PERIERMENEIAS: lo que tiene aptitud para ser predicado de muchos; y Porfirio al singular, o sea al individuo: lo que se predica de uno solo.

Con todo lo expuesto anteriormente, nos referimos ahora a Abelardo dando una repuesta : los individuos no tienen la misma esencia, tampoco es deferente y es la base real de los universales. “Los universales no son cosas sino palabras (verba), distinguir su entidad física (emisión de voz) y el significado (vox significativa)”.

Los universales no son ni cosas, ni meras palabras, sino que son nombres, voces significativas, predicaciones, es la palabra en cuanto tiene un significado convencional, pero válido y legítimo. Es universal aquel vocablo que puede ser predicado, en fuerza de su institución, de muchos singularmente, es un estado un modo de ser designado por un verbo.

“El universal es palabra con la que designamos la imagen común (imaginación) y confusa extraída por el entendimiento de una pluralidad de individuos semejantes y que se hallan en in mismo estado o modo de ser.”

Abelardo concluye al final de sus lógicas con el tratado sobre los cuerpos, la cual doy a relucir dos ideas principales; hay que tener por concepto verdadero todo aquel que concibe a una cosa como ella es en si, todo concepto habido por abstracción en algún modo, concibe a la cosa de otro modo de cómo es.

jueves, 14 de enero de 2010

SAN ANSELMO MOLOGIO-PROSLOGIO

San Anselmo de Aosta o de Canterbuy, fue un monje Benedictino de la edad media, el cual se caracterizo sobre todo por sus escritos, de los cuales se dice que fueron muy prolíficos, pero que en la actualidad solo se conservan algunos pocos. Dentro de los escritos que hasta hoy pueden llegara a nuestras manos, de este monje, se encuentran el Mologio y el Proslogio, que son los textos que en esta ocasión me corresponde exponer.


El primer tratado que es el Monologio, según el mismo autor, no es la primera edición, es mas, ni siquiera es el primer nombre que tenia, púes tomando como referencia la introducción del Proslogio, llevaba por titulo Ejemplo de la meditación sobre el fundamento racional de la fe, en el cual según mis conjeturas, San Anselmo intenta manifestar de una manera racional la grandeza de Dios. Durante el transcurso del texto, muy pocas ocasiones se refiere a Dios con este nombre, mas bien lo hace con palabras como la naturaleza suprema, lo mas bondadoso, el ser, entre otras.


La primera afirmación que hace el Santo de Aosta, es que existe un ser absolutamente bueno y soberanamente grande, superior a todo, que es bueno en si mismo y supera a los otros. Conforme avanza el texto dice que todo cuanto existe parece existir en virtud de un mismo ser, una causa única que puede ser llamado: esencia, substancia o naturaleza. Dentro de las naturalezas algo que no se puede negar es que unas son superiores a otras pero la naturaleza de la cual todo parece existir es evidente que sera superior a todo cuanto existe.

Durante el tratado se ofrece un apartado para hablar de la nada, puesto según Anselmo, todo lo que esta hecho a sido hecho de algo, y para ello ofrece tres sentencias de la nada:



Al decir que una cosa esta hecha por nada se quiere decir que no esta creada.

Una cosa esta hecha de la nada; no puede ser por que esa nada seria algo.

Algo a sido hecho de la nada.


La ultima de las sentencias la utiliza en para afirmar que el ser supremo a salido de la nada, e incluso que todo lo que conocemos a sido creado de la nada.


Al momento en que en el Mologio se toca la parte del las expresiones de la substancia misma, se dice que no hay expresión mas grande que el mismo verbo puesto que lo verdadero es absolutamente mejor que lo que no lo es y que en dado caso la ausencia de una cosa puede ser mejor que su presencia, en este caso la ausencia de Dios es mucho mejor que lo que se presenta, aunque parte del ser supremo se presenta en todas las cosas


Él es el único que goza de la presencia simple, perfecta y absoluta ya que no necesita un cuerpo para manifestarse a su creación, lo cual no indica que no goce de sensibilidad, de que sienta,si no todo lo contrario.


Por su parte, el Proslogio que en extensión es mucho mas corto con respecto al anterior texto, debido a que se encuentra fragmentado y solo se conserva una parte de el, goza de una enorme riqueza de la manera en que se puede hacer oración de una forma racional. El significado del titulo es alocución y de la misma manera que el Monologio tubo un primer nombre, que fue:La fe buscando apoyarse en la razón.


En el capitulo segundo, el santo presenta lo que Kant denomino como el argumento ontológico, que a groso modo lo que indica san Anselmo es que el ser mas perfecto que se pueda pensar, debe existir realmente, al pensarlo sin existencia no seria pensarlo como el mas perfecto, es decir todo cuanto sea pensado tiene que provenir de algún lugar, dado que si no fuera así ni siquiera podríamos pensarlo, ya que el único que puede pensar en la nada es el mismo Dios.


Agrandes rasgos presenta en este segundo libro lo mismo que en el primero, pero al hacerlo de una forma del estilo de oración se complica, tanto su interpretación así como identificar lo que verdaderamente quiso decir. Algo que es seguro, es que para San Anselmo el tener fe implicaba necesariamente saber fundamentarla de una manera racional.


martes, 5 de enero de 2010

BOECIO:

CONSOLACIÓN SOBRE LA FILOSOFÍA

En este texto se da una especie de diálogo entre dos personajes: una la filosofía quien es la que consuela a Boecio, preso acusado de practicar magia, y ella es quien le enseña filosofía.

Ella comienza con una búsqueda de cómo consolar su estado de ánimo, y le pregunta si piensa que el mundo está movido por la casualidad temeraria y fortuita o por una dirección racional, a lo que él contesta que es Dios el autor que es él quien rige al mundo, pero de ahí surge otra duda, de qué instrumentos se sirve Dios, a lo que no pudo contestar. De ahí sigue otra pregunta: ¿cuál es el fin de las cosas y qué dirige la tendencia de la naturaleza entera, y de dónde proceden todas las cosas? Él responde que es de Dios.

Con esto es como se da cuenta la filósofa que Boecio ha perdido el conocimiento de lo que es, se da cuenta que está envuelto en una confusión que ocasiona este olvido; de la misma manera es por ello que ignora el fin de las cosas y tiene por poderosos y felices a los perversos y malvados, considerando el vaivén de la fortuna de las personas. Para ello existe una ayuda para la recuperación de su salud la cual es la ordenación divina, pero para ello se requiere de disponibilidad y reconocer el esplendor de la luz verdadera.

Es así que comenzó a hablar con una posición de regocijo de su cuerpo diciendo que todo afán de los mortales tiende a un solo fin: la felicidad, aquel bien con cuya consecución ya no queda más qué desear, o sea que es el sumo bien, que abarca dentro de si a todos los bienes, si le falta algo ya no sería el sumo bien porque queda algo que se puede desear. Es estado perfecto porque se reúnen todos los bienes. Es así como todos los hombres se afanan en conseguir la felicidad, cabe mencionar que por diferentes vías, y que el error puede desorientar esas vías y hace que se busquen falsos bienes.

Unos creen que el bien supremo es no carecer de nada; de acumular riquezas, llegar a la cumbre de los honores, obtener reputación, otros lo ponen en el poderío supremo, en la fama, en hacer su nombre glorioso, miden la eficacia del bien por el gozo y la alegría; ellos son los que piensan que la felicidad es nadar en placeres, acoger por deseo de poderío o placer. El anhelo del espíritu humano es el que reclama su bien propio. Es así que el bien eso tras de lo cual van los mortales, de diferente forma y con la cual se manifiesta la inclinación natural.

Puede existir el bien perfecto y el bien imperfecto pero sólo existe la perfección de la felicidad, hay que reconocer que Dios es y contiene el bien sumo y perfecto, la felicidad reside en Dios Soberano, es el ser más excelente de todos. Nada puede ser superior que Él, que a su principio, pues es Él el principio y por consiguiente es el sumo bien. Se le considera como la felicidad misma.

Para esto se debe tener claro que no puede haber dos bienes sumos distintos entre sí, porque ninguno de los dos sería perfecto, pues a uno le faltaría lo del otro, es por eso que lo que no sea perfecto no es sumo. Se concluye que la felicidad y Dios son el bien sumo. El hombre cuando llega a ser feliz, lo hace consiguiendo la divinidad y así se hace Dios, es así que todo hombre feliz es Dios, pero es bueno aclarar que Dios por naturaleza sólo hay uno, y por participación no impide que haya muchísimos.

De aquí se pasa al deseo de toda cifra y causa, lo cual es el bien, pero debe ser real y no aparentar bien, si no, no parece ser deseado, es por eso que se estima al bien como la cifra, causa y raíz de todos los objetos deseados, y es así que la felicidad es lo único que apetece.

Toda generación de las cosas, evolución, tiene sus causas, su orden y sus formas en la estabilidad de la inteligencia divina, que es quien determina el orden y medida de los acontecimientos; se le llama Providencia si se considera el ser puro de la divina inteligencia, los antiguos le llamaron Destino. La providencia reside en el ser supremo y lo dispone todo, el Destino es la disposición inmanente a las cosas mudables, por medio de la cual la Providencia las conexiona y le da a todo su propio lugar, abarcando todos los seres en su multiplicidad infinita y el Destino les da uno a uno los lugares, formas y tiempos particulares. Una depende de la otra. Es así que Dios por su Providencia, dispone cada uno de los acontecimientos, y por el Destino, distribuye esos acontecimientos que planeó. Por eso Él ve lo que conviene a cada uno y se lo otorga. En este ámbito entra el tema del azar que es un suceso debido a un movimiento fortuito, no es absolutamente nada, sin significado, ya que de la nada, nada sale, no existe el azar; puesto que existe la Providencia pues de ella determina el lugar y el tiempo a cada cosa.

Aquí entra el libre albedrío, como esa capacidad que el hombre tiene de discernir las cosas que se le presentan, distinguir lo que le rechaza o lo que apetece de lo cual es lo que se busca. En este caso existe una contradicción entre la presciencia universal de Dios y la existencia del libre albedrío, ya que si Dios todo lo prevé, debe suceder lo que la providencia ha previsto que será y si esto sucede, ya no habrá libre albedrío. Es así como se llega a la conclusión de que es bueno saber que Dios contempla todos los actos del hombre, con su presencia divina y su mirada presente conoce la cualidad de cada uno recompensando a los buenos y castigando a los malos. Es por ello que hace la invitación de apartarse de los vicios y practicar la virtud, la esperanza, y hacer que las oraciones suban al cielo, y tener como ley suprema la probidad y la honradez, ya que todo cuanto se hace, está bajo la mirada de un juez que todo lo ve.


domingo, 3 de enero de 2010

Escoto Erígena

“O sea si, sí pero no…”

Comienzo la breve exposición de los textos de Juan Escoto Erígena (o Eriugena) proporcionando en pocas palabras algo de información sobre el autor, lo cual nos ayudará a entender los fundamentos de su pensamiento.

Juan Escoto Erigena (810 – 877 d.C.) nace en Irlanda. La obra de Escoto constituye el primer gran ensayo medieval de un sistema filosófico que explique los dogmas teológicos y concuerde con ellos, siendo su base principal los textos del pseudo Dionisio Areopagita que en ese tiempo era San Dionisio… Con esta breve introducción me dispongo a presentarles en pocas palabras el contenido de su obra Periphyseon, sobre la división de la naturaleza que esta dividida en cuatro libros y escrita en forma de diálogo entre un maestro y su alumno.

fusiz, natura o naturaleza se concuerda que es el nombre general para todas las cosas que son y que no son, y desde este punto se comienza a indagar sobre su división donde el maestro ayuda a la poca experiencia del alumno poniéndole como base las cuatro divisiones: la primera es la división en naturaleza que crea y no es creada; la segunda, en la que es creada y crea; la tercera, en la que es creada y no crea; y la cuarta, en la ni crea ni es creada. A la vez, él dice, que en estos cuatro principios hay dos pares de opuestos que los invito a tratar de identificar cuáles son las oposiciones de cada uno…

En el primer principio se refiere fundamentalmente a la naturaleza divina la cual es quien crea todo lo que existe, pero ¿de dónde lo crea?; y no es creado; también aborda el tema de la esencialidad de Dios para introducir el de los nombres divinos ya que ¿cuál es la mejor forma de referirse a Dios?, por ejemplo: ¿cuál expresión se acerca más al concepto de Dios: “Él es verdad” o “Él no es verdad”? ya que una se refiere a términos concebidos desde la mente humana y la otra aunque es una negación reconoce que Dios es incomprensible, negando que se le pueda llamar verdad o que lo sea…

En el segundo y tercer principios se refiere hacia las creaturas, manteniendo la diferencia sútil entre crear y no crear. Las que crean se identifican con las causas primordiales que los griegos las llaman ideas relacionándolas con un progreso racional del pensamiento; y las que no crean participan (se derivan) a partir de una “esencia” superior.

Y por último, el cuarto principio se refiere a la nada, la cual no debemos de entender como materia, ocasión o algo más sino como la privación absoluta de toda esencia.

Y les comparto una frase de la segunda obra de este mismo autor llamada Sobre la predestinación divina que dice: “La verdadera filosofía es la verdadera religión, y, a la inversa, la verdadera religión es la verdadera filosofía”.

Como espero que se hallan dado cuenta, esta breve exposición sobre las obras de Escoto Erígena solo pretenden ser una espinita que los motive a la reflexión sobre los temas que él mismo recoge de la tradición para nutrirlos con su forma de pensar, lo cual pienso que podemos seguir enriqueciendo sin perder las bases de las cuales tomamos el alimento que nos nutre y estamos procesando. Y si pensábamos que conocíamos algo, pues “si, si pero no” ya que todavía hay mucho material de reflexión sin quitar nuestros mérito de lo conocido.

miércoles, 9 de diciembre de 2009

San Agustín; La ciudad de Dios

Agustín de Hipona, o San Agustín (en latín: Aurelius Augustinus Hipponensis; en griego: Αὐγουστῖνος Ἱππῶνος, Augoustinos Hippōnos), nace en Tagaste en el año 354 y muere en el 430, junto con San Jerónimo de Estridón, San Gregorio Magno y San Ambrosio de Milán son de los cuatro más importantes Padres de la Iglesia latina.

El texto de la Ciudad de Dios (De Civitate Dei) de San Agustín es una obra que contiene 22 libros, escrito contra el paganismo entre el año 412 y 426; es decir, lo escribe en su vejez.

El texto está hecho a petición de Marcelino y la promesa del autor en contra de los que anteponen sus dioses a su Fundador, en defensa de la gloriosísima Ciudad de Dios. Va sobre todo contra los soberbios y ensalzando a los humildes con las palabras de la Sagrada escritura.

Su sentido primario no es político, sino esencialmente religioso. Habla de dos ciudades como la representación de los dos reinos, el de Dios y el del demonio, el de la luz y de las tinieblas, el del bien y del mal, el del amor y del odio, el del cielo y de la tierra.

San Agustín cuestiona que podría alguien pensar: ¿Por qué ha alcanzado esta divina misericordia también a los impíos e ingratos?, ¿Por qué pensamos sino porque es dádiva de aquel que hace salir el sol sobre los buenos y los malos y llueve sobre justos y pecadores? Sin embargo, la paciencia de Dios invita a los malos a la penitencia y a los buenos en la paciencia, lo que busca es ser justo, sin que los bienes del que goza los malos sean apetecidos y ni los males de los buenos lo eviten. Habla y le da mucha importancia también la cualidad del uso de las cosas o en la medida que trata a los buenos y malos.

No debemos temer la necesidad de algunas cosas, que aunque algunos la sustraen, otros se quedan en ella, y que entre las cosas que no quieren sujetar a la necesidad, ponen las voluntades. si entendemos por necesidad nuestra lo que no está en nuestro poder, como la muerte, es evidente que nuestras voluntades no están dominadas por la necesidad.

Dios es la fuente de nuestra felicidad y el fin de nuestros deseos, nuestro bien no es más que unirnos a Él. Al que sabe amarse a sí mismo, cuando se le manda amar al prójimo como a sí mismo, ¿qué otra cosa se le manda sino encarecer al otro, en cuanto esté de su parte, el amor a Dios? Dice San Agustín que es la verdadera religión, está la recta piedad y la servidumbre debida a sólo Dios.

La Trinidad es simple e inmutable, de las tres personas es un solo Dios, en ella no hay distinción entre la cualidad y la sustancia. Tiene cierta la cualidad inamisible de su incorrupción; pero, permaneciendo la sustancia corporal, no es lo que la misma incorrupción. No puede existir más incorruptibilidad de una cosa a otra. Aunque la incorruptibilidad sea inseparable del cuerpo incorruptible, una cosa es la sustancia por la que se llama cuerpo y otra la cualidad por la que se llama incorruptible. Según esto son llamadas simples las cosas que verdadera y principalmente son divinas, porque en ellas no es cosa la cualidad y otra la sustancia, sino que solo son uno. Todo lo que hizo Dios lo conocía, si no lo hubiera conocido, no lo hubiera hecho y nosotros tampoco lo hubiéramos conocido y no podría existir.

Dice San Agustín que la filosofía estaba dividida en tres partes (tripartita); una que la llaman Física, otra Lógica y la última Ética, que después se le llaman natural, racional y moral, no es porque hayan considerado a Dios, pero que Platón fue el primero en descubrir esta división considerando a Dios el autor de todas las naturalezas, y el dador de la inteligencia, y el inspirador del amor y que lleva a una vida feliz y buena. Que toda obra humana se debe tener en cuenta tres aspectos; la naturaleza por el ingenio, la doctrina por la ciencia y el uso por el fruto. Nuestra naturaleza para existir tiene a Dios por Autor, para sentir lo verdadero debemos tenerle a Él por Doctor, y a Él mismo, para ser felices.

Habla del amor, pero lo que dice es que el hombre que se llama “hombre bueno” no es lo correcto porque dice que no es el que sabe lo que es bueno, sino el que ama lo que es bueno. Existe un amor que se ama lo que no debe amarse, y este odia lo que debe amarse. Siendo como somos hombres, creados a imagen de nuestro Creador, cuya es la eternidad verdadera, la verdad eterna y la verdadera y eterna caridad, que es la Trinidad eterna, verdadera y amada, sin confusión ni división y que nos ha dado ciertos vestigios de su belleza.

San Agustín dice que existe un solo bien inmutable, Dios, uno, verdadero y feliz. Las cosas creadas son buenas porque proceden de Él, pero bienes mudables, porque fueron hechos de la nada, pero los que se alejan de Él tienen vicio y por eso son malos. Esto es que alguien puede pensar que los ángeles apóstatas proceden de otro principio y no de Dios. Siendo Dios inmutable pudo dar a las cosas de la nada el ser; así como se forma del saber a la sabiduría, así se formó la esencia del ser. La naturaleza de Dios nunca desfallece, pero sí de los seres hecho de la nada, tienen causas eficientes y deficientes.

Desde que comenzamos a existir en el cuerpo mortal, nunca dejamos de tender hacia la muerte. Todos estamos más cercano a la muerte después de un año. Dos amores son los que fundan las dos ciudades; el amor propio hasta el desprecio de Dios, la terrena (se gloría a sí mismo o busca la gloria de los hombres) y el amor de Dios hasta el desprecio de sí propio, la celestial (gloría a Dios).

lunes, 7 de diciembre de 2009

CONFESIONES DE SAN AGUSTÍN

Las Confesiones de San Agustín es una autobiografía donde describe su proceso de conversión al Cristianismo, pero en ellas plantea otro tema de igual importancia como es: el origen del Mal. Este es el tema central de este escrito de Agustín.

Desde su infancia fue educado en la religión Cristiana por su madre Mónica y destacó por su gran inteligencia, que con el paso del tiempo fue acrecentando. En su juventud estudió retórica en la ciudad de Cártago, que es el arte de hablar y escribir bien para deleitar, persuadir o conmover a las personas. La lectura de "Hortensius" de Cicerón le impactó profundamente y decidió abandonar la retórica por la filosofía. Su juventud fue marcada por una vida llena de desenfrenos sexuales, tuvo un hijo llamado Adeodato, que murió siendo muy joven.

También durante su juventud se adhirió a la doctrina del “maniqueísmo” que defiende la existencia de dos Principios creadores contrarios entre sí, el Bien y el Mal, todo es bueno o malo, sin grados intermedios, con esta doctrina inicia su camino para ir descifrando el origen del mal, que al plantearles esta cuestión, los dirigentes del maniqueísmo no la pueden responder y decepcionado de ellos se convierte al “escepticismo”, que es otra corriente que se basa en la duda. Afirman, la verdad existe pero no puede ser conocida y no hay ningún camino para llegar a ella.

Después de acabar decepcionado de estas doctrinas se dirige a Milán a trabajar como maestro de retórica. Aquí es donde conoce al Obispo San Ambrosio, y lo frecuenta para oír sus sermones y comprobar si su gran fama es cierta o no. Con el paso del tiempo se va convirtiendo al Cristianismo. Tiene grandes luchas internas, y en una de tantas escucha que unos niños juegan y dicen: ¡Toma y lee! ¡Toma y lee!, la ve como una llamada de Dios y lee en el Nuevo Testamento Rom. 13,13: "No en las riñas y en la embriaguez, no en la lujuria y la impureza, no en la ambición y en la envidia: poner en manos del Señor Jesucristo y abandonar la carne y la concupiscencia". Después de está señal divina, le comunica a su madre su conversión y se hace bautizar. Ella muere algún tiempo después.

De aquí pasa al gran problema que plantea en sus Confesiones, el origen del mal. Dice: si Dios es tan bueno y creó al hombre a su imagen y semejanza ¿de donde viene el mal y el no querer hacer el bien? Sus preguntas son: ¿de dónde viene el mal? y ¿cómo puede existir algo (el mal en este caso) ajeno a Dios?, o ¿puede existir contra su voluntad (de Dios)? ya que el mal no puede corromper a la divinidad, porque si ello fuera posible ya no se trataría de Dios.

Agustín hace una suposición de que el mal, es como el bien, una sustancia, pero si Dios creó toda sustancia y Dios es omnipotente, se tuvo que dar cuenta de ello y pudo eliminarla. La lectura del Éxodo le da la respuesta: “Yo soy el que soy” (las cosan son porque provienen de Él y no son porque no son Él). Con esto afirma que las cosas son buenas y por ello tienden a ser corruptibles, y las malas ya no pueden corromperse más.

El corromperse significa privarse de un bien, y solo aquello que tiene bien puede ser corrompido. Pero si algo se corrompe, deja de ser, porque “ser” es un bien, así que solamente lo que “es” existe. Lo que ya esta corrompido totalmente “no puede ser” porque está privado de todo bien y por tanto, de su ser. Concluye, “las cosas mientras son, son buenas” y dice: Dios solamente creó cosas buenas, y el mal es ausencia de ser, es decir, ausencia de bien.